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sábado, 8 de diciembre de 2012

LA PURA Y LIMPIA


Cada mañana los libros de nuestra fe oyen al arcángel Gabriel llamando a María “Dios de te salve”. Contemplemos la imagen que surge del pincel de Dios mirando la verdad desde la fe. ¿Cómo pretender amar al Hijo sin contagiarme del amor de la Madre? Que la rutina no cangrene nuestra oración mariana.


Este año proclamado por su Santidad Benedicto XVI el año de la fe miremos más que nunca a quien mas fe tiene, a nuestro ejemplo como cristianos, miremos con cariño a María. Precisamente no es de extrañar que los dos últimos Dogmas que se han proclamado a la iglesia universal tengan que ver con Ella. Pio IX haciendo uso de su inefabilidad papal diría en la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción:

            “…la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de
 pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y
 privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo
Salvador del género humano…”

Ella no hace nada porque todo le viene dado, siendo redimida por los méritos de Cristo no por si misma. En la iglesia oriental también se celebra esta fiesta pero con un nombre diferente “Panaghia” (la Toda Santa) siendo inmune a todo pecado. Aunque la Madre de nuestro Señor y madre nuestra fuese redimida por su Hijo, se ha llegado a la conclusión que María coopera de forma positiva en la salvación del hombre siendo en verdad en este punto donde podríamos explicar el porqué de los privilegios personales a María. Hubo en esta afirmación muchos cristianos de todas las ramas, como por ejemplo los protestantes que se negaron a este hecho porque decían que solo Cristo es el medio de la salvación, que seria poner a la misma altura a madre e hijo. Si buscamos el cenit de esta negación encontramos que el motivo principal para no aceptarlo es el principio de exclusividad, por eso no aceptan una mediación de María. Para los católicos entendemos una mediación mariana subordinada a la eficacia y claro esta dignidad de Cristo. Ante estos problemas de la aceptación de la mediación, el Concilio Vaticano II lo solucionara con una “participación” en vez de mediación como tal.

El tiempo que ahora comenzamos, el adviento y posteriormente la Navidad son momentos muy marianos. María aparece relativamente poco en el Evangelio pero si podemos destacar su intervención es en la Navidad y la Pascua. Es aquí cuando María espera el nacimiento de su hijo igual que nosotros esperamos la llegada de Jesús, aunque El siempre esta con nosotros, no se va. Sin mula ni buey o con ellos un año más Cristo viene al mundo a llamar a los corazones, en la imagen de un niño recién nacido, expuesto y perseguido. La razón de nuestra fe es que Cristo resucito pero entro en la historia en este momento, es el culmen Cristo se hace carne como la nuestra. Atendiendo a esta espera de la Virgen aparece esta fiesta de su Inmaculada Concepción donde celebramos lo que Pablo VI diría “la preparación radical” de María su “sí” es el comienzo de la fiesta, preparándonos para celebrar el día 1 de enero su maternidad.

Como dice el prefacio de este día de fiesta, “Purísima había de ser Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”. Que este día salgamos a la calle sintiéndonos orgullosos de nuestra Madre como lo hacen las hermandades de nuestro pueblo que no se cansan de proclamar que María fue concebida sin pecado original.

Agradecemos a nuestro amigo y colaborador de este portal, José Luis López Reyes, su labor en  esta web, la cual una vez más nos permite reflexionar sobre  nuestra  Fe Cristiana en este tiempo de Adviento.