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viernes, 25 de marzo de 2016

Evangelización

JUEVES SANTO EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA
¡DOLOR DE AMOR!

Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y día de la Ascensión. Hoy es por tanto, un día grande para nuestra Semana Santa, Jueves Santo, donde empieza el Triduo Pascual de la muerte, sepultura y Resurrección de nuestro Señor.

El Jueves Santo tiene como centro la Última Cena del Señor con sus Apóstoles, en la que Jesucristo abre de par en par su alma para hablarles del mandamiento nue­vo, para expresarles el cariño que les tiene, para rezar por ellos al Padre y darles las últimas recomendacio­nes. Y sobre todo para hacernos el maravilloso regalo de la Eucaristía y del Sacerdocio.

Es día de caridad, de agradecimiento, de adoración y desagravio a la Euca­ristía. Es día de intimidad, de recuerdo y de misterio. De estación de penitencia, de hermandades y cofradías. De monumentos, de sagrarios y de oración. Día de promesas, de lágrimas y gratitud. El Pan entregado, sacramento y lavatorio de pies.

Y la clave de todo ello la Misericordia infinita de Dios Padre y de Su Hijo Jesucristo, quien nos amó hasta el extremo y nos manifestó su amor de muchas maneras, y siempre desde la grandeza de su humildad. Por amor acogía y perdonaba a los pecadores, curaba enfermos, ayudaba a necesitados, perdonó a sus propios verdugos. Jesús en este día se rompió amando, con palabras y con signos, con sentimientos y actitudes, con sus oraciones y bendiciones, compartiendo la comida y la despedida. Viviendo el presente y anunciando el futuro.

Pero no faltó en aquella tarde de gracia y de fuego, la tristeza del desamor y la traición, y por lo tanto del dolor. Gran lección de perdón, expresión máxima del Amor.

Aún hoy en día nos estremecemos pensando como reaccionaron sus discípulos y no vemos, ni queremos darnos cuenta que seguimos haciendo lo mismo. Aquellos hombres que vivieron con Jesús eran del mismo barro que nosotros, gente humilde, con virtudes y defectos, que recibieron infinito amor de nuestro Señor, y a la hora de la prueba y del dolor sintieron miedo y le abandonaron.

Pero luego, cuando recibieron Su Espíritu Santo, fueron capaces de dar la vida por Él. Si en ocasiones somos presa del desaliento, de la tentación, de la angustia, es porque nos olvidamos del amor de Cristo, y de que hemos sido eternamente amados por Dios en su Hijo.

Por eso cada Jueves Santo se nos regala contemplar la Misericordia de Dios. La alegría de este día arranca de ahí; de comprender que el Creador se ha desbordado en cariño por sus criaturas.

Y cuan necesario es revivir todos los regalos que este día nos regaló Jesús, para defendernos de esta época nuestra del consumismo y del tener, y libres de apegos y ataduras poder adentrarnos en el misterio de la misericordia de Dios, en la incontable ilusión de dejarnos inundar por la presencia de quien viene a salvarnos.

Está claro cofrades, que se lo debemos, hermanos todos que frecuentáis “La Voz Cofrade”: Que el sentimiento y amor que tenéis por nuestra Semana Mayor, la entrega e ilusión por transmitir la Pasión de nuestro Señor, y el esfuerzo y dedicación que ponéis en hacer de nuestra Semana Santa, un verdadero encuentro de fraternidad… sea un enamorarse de la Misericordia de Dios todos los días del año, porque la fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni alcanza decir "Señor, Señor".

Todos los ornamentos del Monumento del Jueves Santo y nuestras benditas imágenes quedarán guardadas en el templo y será hora de adorar otras imágenes bendecidas que están en nuestras casas y en la calle: al pobre y el enfermo, al niño, al anciano y al joven marginado, ahí, Cristo pide ser amado y venerado.

Un solo mandamiento nos dio y nos pidió: “Amaos unos a otros como yo os he amado” ¡Ay, si pudiéramos comprender ese amor…! ¡Saltaríamos de gozo! Solo viviendo esta verdad del que es la Verdad, Camino y Vida, llegaremos a ser todos una misma Hermandad.

Que nos duela la Pasión, que nos emocione el gesto de Dios. «Dolor de Amor. —Porque Él es bueno. —Porque es nuestro Amigo, que dio por nosotros su Vida. —Porque todo lo bueno que tenemos es suyo. —Porque le hemos ofendido tanto... Porque nos ha perdonado. – Porque en su Testamento del Jueves Santo nos dejó lo mejor que tenía: Su Presencia en la Eucaristía, Su Madre y Su Misericordia… ¡El!... ¡¡a nosotros!!

“Lloremos, alegrémonos, de dolor de Amor”

MERCEDES ANGULO MARTOS.